Industria quimica vende alimentos y muerte

Esto es un secreto que debe ser revelado: La industria quimica vende alimentos y muerte. Existen investigaciones científicas que alertan sobre el peligro del consumo de sustancias químicas. Pero estas advertencias son ocultadas por los medios de comunicación. La industria quimica y los sistemas sanitarios son responsables de millones de muertes por enfermedades terminales.

Las estadísticas muestran un aumento de enfermedades como el cáncer, alzheimer, enfermedades cardíacas y otras dolencias terminales. Se emplean millones de dólares para fabricar medicamentos y desarrollar tratamientos para combatir las enfermedades. Pero se sigue afirmando que el origen de estas enfermedades es un misterio. Esto es una gran mentira. Existen estudios serios donde se revela la responsabilidad exclusiva del consumo de productos provenientes de la industria quimica. Que ademas de la enfermedad a través de los alimentos, vende los medicamentos. Un negocio redondo.

El poder que han adquirido las corporaciones le dan la capacidad de ocultar esta información. Así es como el sistema sigue funcionando. Es un sistema perverso y muy lucrativo en el cual se vende la enfermedad y su cura. Este negocio mueve miles de millones de dólares. Son muchos lo que harían cualquier cosa para que la verdad se mantenga oculta, se les terminaría el negocio.

Un negocio perverso y asesino

¿Cómo es posible que no exista información sobre las sustancias toxicas que contienen la gran mayoría de los alimentos procesados? ¿Porqué la ciencia sirve a las grandes corporaciones y a sus intereses dejando de lado su verdadera función? La respuesta a estas preguntas es la misma: Poder y dinero.

Según numerosos expertos en cuestiones sanitarias, existen decenas de informes que comprueban el incremento de enfermedades provocadas por productos químicos. (Pesticidas, insecticidas, colorantes, edulcorantes, conservantes, etc). Estos productos están presentes en nuestras vidas cotidianamente. Y lo peor es que ninguno de ellos ha sido analizado como para afirmar que son inocuos.

La industria química tiene reglas perversas. Para demostrar la toxicidad de una sustancia quimica es necesario comprobar que daña a las personas. En lugar de comprobar su toxicidad antes de venderlo. Así es como se lanzan al mercado miles de productos químicos desconociendo su efecto en los seres humanos. Aunque ellos sí saben de los peligros que acarrean sus productos, pero lo ocultan.

La historia de un genocidio o de la industria quimica

En la década del 1930, se realizaron los primeros estudios sobre informes clínicos y experimentales que comprobaron la relación directa entre el cáncer y la mayoría de los productos químicos utilizados por entonces. Benceno, arsénico, amianto, colorantes sintéticos y hormonas fueron considerados cancerígenos.  Pero la industria quimica ha avanzado mucho desde entonces y ahora produce productos mucho más complejos, aunque igual de tóxicos, o tal vez más.

Según afirma la epidemióloga Devra Davis en su libro “La historia secreta de la guerra del cáncer” A partir de la década del 1930, la industria se organizó para controlar y manipular los estudios y la información disponible sobre la toxicidad de sus productos, llevando a cabo una verdadera guerra contra cualquier científico organización o entidad que defendía la salud pública.

La guerra contra el cáncer estuvo perdida desde el principio ya que fue controlada y manipulada por el mismo sistema que provoca la enfermedad. En lugar de desarrollar la prevención, se privilegió la investigación de tratamientos y medicamentos. “Mientras no se luche contra los contaminantes químicos, las hormonas sintéticas, los pesticidas y demás sustancias creadas artificialmente, no se podrá vencer al cáncer. Para eso hay que tener la valentía de enfrentar a los intereses de los poderosos, las mentiras industriales que ocultan la peligrosidad de sus productos. Así lo ha hecho durante décadas la industria tabacalera”. Sostiene en su libro esta admirable mujer, icono de la lucha contra el cáncer que no tiene lugar en los medios masivos de comunicación.

Voces de alarma (silenciadas)

Nuestro veneno cotidiano. La responsabilidad de la industria química en la epidemia de las enfermedades crónicas”, es un libro publicado por la valiente investigadora francesa Marie-Monique Robin.  El libro bien podría presentarse ante un juzgado para enjuiciar a la industria quimica.  Para prohibir definitivamente miles de sus productos que provocan la muerte de millones de personas alrededor del mundo entero.

Hasta organizaciones como la UNESCO piden a gritos un cambio en cuanto al uso de los químicos . En el año 2004, durante el coloquio “Cáncer, medioambiente y salud” se firmo una declaración bautizada como el “llamamiento de París”, el documento decía: “Nosotros, científicos, médicos, juristas, humanistas y ciudadanos, convencidos de la urgencia y de la gravedad de la situación, declaramos que: el desarrollo de muchas enfermedades actuales se debe a la degradación del medio ambiente; la contaminación química constituye una grave amenaza para los niños y para la supervivencia del ser humano; como nuestra salud, la de nuestros hijos y las de las generaciones futuras está en peligro, lo que está en peligro es la propia especie humana”. Una vez más, este tipo de declaraciones realizadas por profesionales reconocidos en materia sanitaria fue acallado impunemente por las poderosas corporaciones, tanto de l sector químico como del sector sanitario.

Una luz de esperanza

Pero existe una luz de esperanza. Hoy en día se extiende el autocultivo en todo el mundo. La sociedad está cada vez más consciente de que el cuidado de la salud se basa exclusivamente a la ingesta de alimentos saludables. Las grandes corporaciones gastan cada vez más dinero para poder vender sus productos tóxicos, lo que evidencia el creciente rechazo de la sociedad.

También existen numerosos trabajos científicos. En los que se comprueba una y otra vez la maravillosa esencia de la alimentación saludable. Cada vez se hace más evidente que los alimentos naturales son la fuente de una vida libre de enfermedades.

La conciencia social es cada vez más exigente sobre los temas relacionados a la salud y crece el rechazo hacia todo tipo de manipulación química de los alimentos. Lo mismo pasa con el uso de sustancias químicas como pesticidas, insecticidas y demás.

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